De un tiempo a esta parte la sal ha ganado mala fama a través de opiniones carentes de precisión. Por esa razón, no paramos de escuchar mensajes del tipo «la sal es mala», «cuanta menos, mejor» o «lo más sano es eliminarla de la dieta».
Sin embargo, hay que poner en contexto la cantidad consumida y tener en cuenta el papel que juega este ingrediente en la salud. Incluso referentes internacionales como la Organización Mundial de la Salud apuestan por su consumo responsable.
Cabe señalar en primer lugar que la sal no es mala en sí misma. De hecho, el sodio que contiene es necesario para funciones básicas del organismo. El problema aparece cuando su consumo resulta excesivo, especialmente a través de productos procesados y ultraprocesados que concentran una gran parte de la sal que tomamos habitualmente.
Entonces, ¿la sal es mala? La respuesta es no. Lo perjudicial es tomarla en exceso y, además, hacerlo dentro de una alimentación poco saludable. Es por eso que también conviene distinguir entre una sal industrial altamente refinada y una sal marina natural obtenida de forma artesanal.
A continuación, desmontamos los mitos más comunes acerca de la sal, repasamos qué dice la ciencia al respecto y explicamos por qué cada vez más personas buscan una sal más natural y menos procesada para comer.
¿Para qué sirve la sal en el cuerpo?
Antes de demonizarla, conviene recordar algo esencial y es que el cuerpo necesita sodio, algo de lo que es rica la sal.
Este nutriente participa en procesos tan importantes como el mantenimiento del equilibrio de líquidos, la función muscular, la transmisión de impulsos nerviosos y la regulación de la presión arterial, entre otros.
Por eso, afirmar que la sal es mala, sin matices, es simplificar demasiado. Además, una dieta extremadamente baja en sodio no siempre es la mejor opción para todo el mundo ya que en determinadas situaciones médicas las recomendaciones deben individualizarse y ser pautadas por un profesional sanitario.
¿Cuánta sal se recomienda consumir al día?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja de forma general no superar los 5 gramos de sal al día.
Ahora bien, la mayor parte de la sal que consumimos no procede del salero, sino de alimentos procesados como panes industriales, embutidos, quesos, salsas o platos precocinados que incluimos en nuestra dieta diaria.
Mitos populares sobre la sal
«La sal es mala para la salud»
Probablemente el mito más extendido y no es correcto. La evidencia científica no dice que toda la sal sea mala, sino que un consumo excesivo de sodio puede resultar perjudicial, especialmente para determinados perfiles de la población.
Sin embargo, la solución no es eliminarla por completo ni creer que todos los tipos de sal son iguales. Al fin y al cabo, no es lo mismo seguir una alimentación rica en comida industrial que hacer platos caseros donde se usa una cantidad moderada de sal natural para potenciar el sabor de los alimentos.
«Lo mejor es no tomar sal»
Otra afirmación que no es cierta. De hecho, eliminar completamente la sal no es una recomendación que valga para todos. Sin ir más lejos, restringir el consumo de sodio también puede afectar negativamente a la salud.
Por esa razón, los expertos sugieren revisar de dónde procede la mayor parte de la sal que consumimos a diario leyendo las etiquetas de los productos alimenticios, además de reducir la comida ultraprocesada y apostar por la cocina casera.
Recuerda, quitar el salero de la mesa no resuelve el problema si la dieta que sigues no es saludable.
«La sal engorda»
Ya desterrada la idea de que la sal es mala, toca enfrentarse a otra malinterpretación.
La sal no aporta calorías, así que no engorda en el sentido estricto de provocar un aumento de grasa corporal. Lo que sí puede ocurrir es que un exceso de sal favorezca la retención de líquidos en algunas personas. Esa sensación de hinchazón puede hacer pensar que la sal engorda, pero no es lo mismo retener líquidos que ganar grasa.
Además, muchos alimentos con mucha sal suelen ser también productos poco saludables, con exceso de grasas, azúcares o harinas refinadas, por lo que a menudo se culpa a la sal de algo que en realidad tiene más que ver con el conjunto de la dieta.
«Toda la sal es igual»
Por último, llegamos a una cuestión importante que conviene aclarar. Que todos los tipos de sal contengan sodio no implica que, por ejemplo, la sal refinada y la sal marina sean iguales.
Mientras que la primera suele someterse a procesos de refinado intensivos y llega a incorporar aditivos como los antiapelmazantes, la sal marina virgen se obtiene a partir de la evaporación natural del agua del mar.
Es por eso que cada vez más personas eligen la sal marina virgen ya que su origen es natural, no requiere de un refinado agresivo, está libre de aditivos artificiales y se integra mejor en una cocina basada en ingredientes frescos.
Un ejemplo de ello es Dama Blanca, una sal marina obtenida en las salinas de Cádiz a través de un proceso artesanal que respeta el proceso natural del mar. Para quienes desean seguir una alimentación más consciente y menos dependiente de ingredientes ultraprocesados, este tipo de sal sí que marca la diferencia.
En conclusión, la sal no es mala en sí, sino la forma que hemos aprendido de consumirla. Durante años hemos normalizado que la alimentación diaria esté llena de ingredientes refinados, aditivos y productos listos para consumir, lo que nos lleva a desconocer la cantidad real de sal que tomamos y de dónde procede.
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Preguntas frecuentes
¿Toda la sal que consumimos viene del salero?
No, una gran parte procede de alimentos procesados y ultraprocesados que concentran mucha cantidad de sal.
¿La sal engorda?
La sal no aporta calorías, así que no engorda por sí sola. Lo que puede ocurrir es que su consumo excesivo favorezca la retención de líquidos en ciertas personas.
¿La sal es mala para la tensión?
Es el exceso de sal lo que puede elevar la presión arterial, especialmente en personas más sensibles a esta condición.
¿Es mejor la sal marina que la sal refinada?
Es una cuestión de elegir un ingrediente menos procesado, sin aditivos artificiales y con un origen natural, como es el caso de la sal marina.
Referencias
- La sal en la dieta (Clínica Universidad de Navarra).
- Consumo responsable de sodio (Clínica Mayo).
- Manera de leer el etiquetado para controlar el sodio en la dieta (Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense o FDA).
- Consumo moderado de sal (Organización Mundial de la Salud).




